¡Ojo!…El exceso de higiene produce hongos

Acostumbro (y no sé si es bueno compartirlo) a radicalizar mi conciencia en clase y exagerar mis sensibilidades para remover el aspecto más crítico de los alumnos y hacerles ver...




Acostumbro (y no sé si es bueno compartirlo) a radicalizar mi conciencia en clase y exagerar mis sensibilidades para remover el aspecto más crítico de los alumnos y hacerles ver que a veces los argumentos no pueden limitarse a empatía o romanticismo. Por ejemplo: hablando del tema de los libros electrónicos y el fin de las ediciones físicas les hice ver la necesidad de anotar que los libros impresos se hacen con papel y esto hace un daño ecológico importante… Se impone un cambio como se impuso el salto del pergamino al papel: la matanza de animales resultaba brutal y carísima frente al producto venido de china, como resultan brutales y carísimos nuestros libros ante el soporte digital… Realmente creo que tarde o temprano este argumento matará a los de las románticas ratas de biblioteca que se aferran a los libros impresos como Gollum a su anillo (yo el primero). Pero, como decía, radicalizo mi postura ante este tema en clase para mover argumentos diferentes, pese a que mi conciencia ecológica es más que intermitente y caprichosa (hecho reprobable, lo asumo).

Hace un par de días, buscando títulos de crédito por la red, encontré una noticia de esas que me hacen pensar que algo está pasando en esta sociedad y que deberíamos poner las alertas por que, como decía el título, el exceso de higiene es tan perjudicial como la falta de esta. El tema consiste en lo siguiente: se presenta en Francia un film llamado “Les Infideles“, una comedia que parecía destinada a pasar algo desapercibida por la taquilla internacional y que parodia el mundo del sexo, la infidelidad, la necedad… Le película en un principio no tenía más aliciente que la presencia de Jean Dujardin en el reparto (flamante protagonista de “The artist” nominado a un Oscar) y mucho sexo explícito, pero la cartelería ha puesto en marcha el mecanismo de las feministas que han encontrado grandes aberraciones sexistas y vejaciones extremas,  y de los movimientos “pro familia” que han visto un riesgo que puede ensuciar las mentes de sus niños. Estas atrocidades están removiendo las vísceras de los franceses hasta el punto de que la Autoridad de Regulación Profesional en Francia ha declarado a la campaña de “indecente” y ha ordenado su total retirada por considerar que “sobrepasa los límites y daña la imagen de la persona humana”.

 

Resulta curioso que el país de las libertades caiga en este bucle de los excesos de sensibilidades y que atice a la publicidad una y otra vez para disgusto de los diseñadores y regocijo de los directores de marketing, que se frotan las manos por la repercusión del producto sin invertir un euro. Aún a riesgo de resultar políticamente incorrecto, al ver los carteles no puedo sentir más que vergüenza por esta situación de censura ética que está convirtiendo a la publicidad en el valle de los teletubis… Se me ha pasado decir que lo que más ha escocido a la sociedad francesa son los dos eslóganes (“voy a entrar en una reunión” y “se va cortar, voy a entrar en un tunel“).

¿Qué veo yo en estos carteles?… Pues por un lado me resultan impecables en el plano gráfico, con una fotografía espectacular y un retoque fotográfico muy de moda. Por otro lado los eslóganes me resultan algo vulgares pero ingeniosos y pensaría (de verlos por la calle) que la película trata sobre ejecutivos y secretarias (al estilo de nuestra adorada MADMEN) y que, una vez más, el género masculino acabará siendo ridiculizado por su habitual necedad sexual.

Y yo me pregunto: ¿con qué filtro ve estos carteles esa gente que se irrita? ¿Qué amenza suponen?… Recordemos viejos y recientes casos: el cartel de Dolce & Gabana, el de Oliviero Toscani de la chica anoréxica, el anuncio del pajarito y la campana extractora, el “amanece en el campo” de Bocatta… ¿Habrían destrozado la pureza de nuestras almas de no haber sido por la intervención de los dolidos?… ¿Han trascendido y han tenido más espectadores (y ventas) gracias a la censura moral de la que han sido víctimas?.

Hoy en día, en esta higiene no tendrían cabida obras de teatro como “La dama boba” de Lope de Vega, los especiales de Martes y Trece, cientos de coplas como “Ojos verdes“, clásicos como “Madame Bovary“,  míticos títulos del cine como “Mujeres al borde de un ataque de nervios“… Y sin embargo ¿han empeorado o infectado nuestras mentes?

Una vez más la polémica está servida sin que nadie intervenga en los eventos y los casos que realmente son sexistas, las cadenas de televisión que llenan de comportamientos insanos y destructivos los horarios infantiles, los argumentos de ciertas series para adolescentes, lo principios que promueven los “animales televisivos“… Y todo esto lo digo no pidiendo censura sino que invirtamos los esfuerzos y las intenciones en educar para consumir. Lo importante no es censurar un cartel,  es que lo niños sepan qué es una “parodia”, que sepamos cuando algo sobrepasa la realidad… Y a los que ven vejaciones, recuperemos el tópico de la inversión de papeles o mejor aún ¿si en vez las piernas de una mujer Dujardin sostuviera las de un hombre que pasaría? ¿Saltarían ofendidas las asociaciones de gays por considerarlo homofóbico?… No, correríamos en masa a ver la película…

Quizás la cultura de censurar o eliminar no sea efectiva, como no lo fue para la iglesia prohibir la Enciclopedia o a Victor Hugo. Eduquemos en la forma de consumir y en los modos de ver… He visto el trailer de “Les infideles” y realmente tiene mala pinta, pero que gran campaña le estamos haciendo entre todos…

Lo sé… lo sé… No hace falta que lo digan… Ya les dije al principio que me gusta exagerar.

 

Sobre Cárlos Sánchez de Medina